Para alcanzar tu independencia financiera, incluso antes de tu jubilación, te recomiendo conocer, adoptar y prácticar los siguientes seis principios de educación financiera.

Algunos seguro que ya los barruntabas, pero otros te darán que pensar. Ya verás.

El principio del alto coste de la espera

Dime cuánto de acuerdo estás con esta frase. Si tienes más de 40 años probablemente lo estarás, ya, por tu propia experiencia:

En la vida tenemos una ventana temporal de unos 35 años desde que tenemos un trabajo estable “decente” sobre los 30 años hasta que nos jubilemos sobre los 65 años para alcanzar la independencia financiera.

El principio del alto coste de la espera viene a decir que, cuanto antes te plantees comenzar a ahorrar una parte de tus ingresos (los expertos recomiendan un 10% de tus ingresos netos, mensualmente) y cuanto antes lo inviertas en un producto con interés compuesto a largo plazo, mayor la capacidad de multiplicar tu inversión en el tiempo y menor el capital periódico que tendrás que dedicar a ese empeño.

Al contrario, si comienzas a invertir tu dinero a los 40 en vez de a los 30, o a los 50, la cantidad de dinero que tendrás que ahorrar cada mes para poder conseguir el mismo capital a la hora de jubilarte será mucho mayor.

Veamos un ejemplo. Una persona quiere disponer de unos 800 euros mensuales adicionales a su pensión de jubilación desde el día de su jubilación.

Si suponemos que sobrevivirá desde ese día 20 años, hasta los 87 años, tendrá que disponer de esos 800 euros de ingresos durante 240 meses (800* 12 meses * 20 años).

Si ahorra 200.000 euros para ese día, podrá disfrutar de 833 euros al mes de renta hasta el día de su muerte.

Sin embargo, para alcanzar esos 200.000 euros a los 67 años, el esfuerzo que tendrá que hacer a los 20 será mucho más bajo que a los 30, 40 o 50 años.

Si suponemos que se obtendrá una rentabilidad anual “lineal” de los ahorros, del 8% durante todo el tiempo que dure la inversión:

  • Si comienza a ahorrar a los 27 años (a 40 años de la jubilación) le bastará con un ahorro-inversión mensual de tan solo 43 euros;
  • Si comienza a los 37 (a 30 años de la jubilación), la cosa empeora y tendrá que ahorrar todos los meses unos 110 euros;
  • Si da el paso a los 47 (a 20 años de la jubilación), para conseguir esos 200.000 euros tendría que ahorrar unos 300 euros mensual;
  • Y si finalmente te llega la inspiración de la educación financiera a los 57, para constituir esos 200.000 euros a los 67, diez años más tarde, tendrías que ahorrar 1033 euros al mes.

Como puedes ver,

el tiempo es crucial a la hora de multiplicar tu ahorro y la espera tiene un alto coste. Cuanto mayor tu ventana temporal, menor el esfuerzo mensual a realizar para conseguir un capital a la jubilación que te permita complementar tu pensión pública.

El principio del Págate a ti mismo primero

El principio del “Págate a ti mismo primero“, nace en el mundo de las aseguradoras norteamericanas como Primerica, donde lo llaman “Pay yourself first”, y también lo aborda Robert Kiyosaki en su Libro Padre Rico Padre Pobre. Es muy sencillo de entender, como te cuento aquí, y tiene que ver con nuestras prioridades de gasto de hoy.

Analicemos cómo consumimos a diario. Todo lo que hacemos cada día es gastar y de manera bastante descontrolada: energía, alimentos, transporte, ocio, hipoteca, viajes, etc. Desde que nos levantamos no hacemos más que recibir impactos publicitarios que nos incitan a consumir más y es lógico no caer en la tentación de consumir.

Además, tenemos la paradoja de la frugalidad o del ahorro, que, muy resumidamente, viene a concluir que la economía va mejor si gastamos, que si ahorramos, con lo cual, gastando, de alguna manera garantizamos nuestro puesto de trabajo.

El resultado de todo este gasto (aquí te cuento en que gasta el español medio), es que apenas llegamos a fin de mes y muchos meses ni siquiera podemos ahorrar 100 euros.

¿Qué podemos hacer si los asesores financieros como el que te habla te recomiendan que ahorres para tu jubilación una cuantía entre el 5 y el 15% de tus ingresos mensuales?

Está claro que

Si sigues haciendo las cosas como hasta ahora, vas a obtener los mismos resultados que hasta ahora, ahorro cero.

La solución a este bucle nos la da el principio del Págate a ti mismo primero.

El principio consiste en revisar tus prioridades de gasto y en dejar de ver el ahorro y la protección futuros como un gasto prescindible o “sólo si me sobra algo a fin de mes” sino como tu verdadera primera necesidad cada mes, sobre todas las demás necesidades.

Pagándote a ti mismo, estás queriéndote un poco más, y cuidándote para tu jubilación, que, aunque ahora parezca muy lejana, descuida, que llegará antes de lo que crees.

 

La teoría de la responsabilidad decreciente

La teoría de la responsabilidad decreciente (Decreasing responsability theory  en el mundo anglosajón de donde nos viene) es la representación gráfica de esta teoría y se basa en una gráfica con dos curvas: responsabilidades y protección.

En el eje horizontal (abscisas) de la gráfica tenemos el tiempo y la escala temporal podríamos ponerla entre los 30 y los 67 años. Y en el eje vertical el patrimonio con el que debes hacer frente a tus responsabilidades diarias (gastos, hipotecas, deudas, etc.).

  • El primer valor (30 años) es cuando se supone que formas una familia en pareja y comienzan tus obligaciones como padre con tu pareja: pagar la vivienda (alquiler o hipoteca), tus deudas y tus demás gastos con salarios ajustados.
  • El valor final son los 67 años, a los que se supone que te jubilarás el día de mañana y habrás logrado un caudal de dinero que te permita sustituir y complementar el vacío entre tu salario y tu pensión.
Teoria de la responsabilidad decreciente
Teoría de la responsabilidad decreciente

La curva de la parte superior representa tu “responsabilidad”, es decir la necesidad de protección y cobertura de tus riesgos que es muy alta en esos momentos iniciales para ir reduciéndose a manera que vas quitándote deudas, hipotecas, ahorrando algo de dinero y tus hijos pueden ya ingresar un dinero para mantenerse en parte o en todo.

La curva inferior es tu dinero, tu patrimonio. Inicialmente tendrás bien poco porque tus deudas apenas te permitirán llegar a fin de mes, pero a medida que vayas mejorando tu posición con ascensos, ahorros, y menores gastos (hipoteca, préstamos, etc.), irán empezando a conseguir un pequeño patrimonio.

Lo que viene a decir esta teoría, es que, a los treinta, cuando comienzas una vida en pareja y tal vez formas una familia, partiendo de un patrimonio cercano a cero, debes empezar a hacer un ejercicio de planificación financiera donde la protección sea la protagonista.

En estos primeros 25 años que van desde tus 30 hasta tus 55 aproximadamente, hasta que tus hijos son mayores y se empiezan a valer por sí mismos a su mayoría de edad, es imprescindible protegerte del riesgo de que una pérdida de tu trabajo o una invalidez o, dios no lo quiera, tu propia muerte, para que los que permanezcan puedan salir adelante. Para que tu “empresa familiar” no zozobre, sino que sea sólida en los años por venir, la mejor solución es un seguro de vida que te cubra generosamente del riesgo de invalidez o muerte.

La tasa de sustitución

La tasa de sustitución o tasa de reemplazo de las pensiones públicas mide el porcentaje de cobertura que tienen las pensiones sobre nuestro sueldo antes de nuestra jubilación.

Cuanto más alta esta cobertura, menor el esfuerzo de ahorro que deberíamos hacer cara a la jubilación, para garantizarnos mantener la misma calidad de vida.

Dicho de otra manera, cuanto más elevada sea esta tasa, menor pérdida de poder adquisitivo hay en el momento de la jubilación.

Así que, idealmente, si nuestra tasa de sustitución fuera del 100%, nos jubilaríamos cobrando el 100% de nuestros ingresos anteriores en activo.

La tasa de reemplazo o sustitución te ayuda a calcular la cantidad de dinero que necesitarías cubrir con ahorro u otras rentas desde el primer día de tu jubilación, para reducir la diferencia entre tu pensión y tus ingresos un mes antes de jubilarte, expresada en porcentaje.

Esta tasa se puede representar gráficamente y es muy fácil de entender. Basta con saber con qué nivel de ingresos cuentas antes de jubilarte de tu trabajo (rentas del trabajo) y compararlo con tus nuevos ingresos procedentes de la pensión desde que te jubilas.

Cubrir adecuadamente este vacío de ingresos por el hecho de jubilarte debe ser el objetivo de cualquier persona con educación financiera, y es uno de los propósitos que nos hacemos desde Finlit.

La tasa de sustitución varía en la UE

Según el informe de la OCDE (Panorama de las Pensiones 2015 / Indicadores de la OCDE y el G20), España tenía en 2015 una tasa de reemplazo del 82% frente a  la media de los países de la OCDE, del 52%. Este es un dato muy bueno (España siempre ha sido un país generoso en eso del “bienestar social”) aunque conviene mirar sobre qué salarios medios de los españoles de cubre ese 82%, ya que en muchos casos serán inferiores a los de los centroeuropeos.

La buena noticia es que en abril, el Gobierno decía que la tasa de sustitución de las nuevas pensiones medias de jubilación en España, había subido 20 puntos hasta el 86,6%, pero recuerda que la pensión media en España es muy baja, y por tanto esta noticia a ti no te va a afectar si hoy tienes un nivel salarial medio-alto.

El poder del interés compuesto

Hablamos de interés compuesto (operación a interés compuesto), cuando los intereses generados por una inversión en cada período de tiempo se suman al capital inicial para producir con ellos nuevos intereses, esta vez sobre la suma del capital más los intereses del período anterior, como si de una bola de nieve se tratara.

Un ejemplo práctico

Veamos la diferencia entre interés simple y compuesto con un ejemplo práctico:

Si pedimos un préstamo de 1.000 euros al banco, a devolver a los dos años, al 5 % de tipo de interés anual, obtendremos estos dos resultados según se nos aplique interés simple o interés compuesto:

Interés simple: los intereses (el coste de la financiación del préstamo) se liquidan al final de cada año sobre el principal (la deuda original). Pagamos cada uno de los dos años 50 euros (5% de 1.000 euros).

En total, al final del préstamo, a los dos años, habremos pagado 50 + 50 = 100 euros de intereses.

Interés compuesto: si el préstamo se nos ofrece a interés compuesto, los 50 euros de intereses del primer año no se desembolsan sino que su importe se acumula al capital inicial prestado (los 1.000 euros), y el segundo año nos cobrarán un 5% no sobre el capital inicial (1.000 euros), sino sobre el principal + los intereses del primer año (50 euros), es decir: 5% de 1.050 euros, para generar nuevos intereses sobre 1.050 euros.

Los intereses del segundo año serán entonces del 5 % sobre 1.050 euros, es decir 52,5 euros, y al final de la vida del préstamo, el segundo año, habremos pagado de intereses 50 + 52,5 euros = 102,5 euros.

Por lo tanto, no es lo mismo invertir tu dinero (o pedirlo prestado) con una fórmula de cálculo de intereses simples, que hacerlo con interés compuesto ¿verdad?

La diferencia está en que,

En los cálculos de interés compuesto, el capital de la deuda crece al final de cada período de tiempo y, obviamente el interés, calculado sobre un capital mayor, se hace mayor en cada período respecto al anterior.

Tipos de tipos de interés

Otras formas de estudiar los tipos de interés son:

  • Dependiendo del mercado donde se comercializan, hay tipos de interés mayoristas (reservados a bancos, entidades financieras e instituciones, más interesantes por negociarse la compra y venta -el préstamo o la inversión- de grandes cantidades de dinero) y tipos de interés minoristas, más caros porque las cuantías de dinero que se mueven son pequeñas, por parte de consumidores y pequeñas empresas.
  • Dependiendo de a qué plazo se oferta y demanda el dinero, también se habla de tipos de interés a corto, medio y largo plazo.
  • Y dependiendo de si se compra (se nos presta) dinero, o de si lo vendemos (nos lo toman prestado), hablamos de tipos de interés vendedor y comprador. Esto es muy típico en el mundo de las divisas y la moneda extranjera, donde el precio por el que se compra cualquier divisa distinta de nuestro euro, es distinto del precio al que nos la venden.

Bancos y tipos de interés

El negocio de los bancos (y de las entidades financieras), es muy sencillo de entender.

Captan dinero de todos sus clientes en forma de cuentas corrientes y depósitos por el cual no pagan apenas ningún interés o intereses fijos muy bajos, y lo prestan a más largo plazo a esos mismos u otros consumidores, con intereses más altos.

A la diferencia entre los tipos de interés al que captan tu dinero como ahorrador y al que te prestan dinero (créditos, préstamos al consumo, préstamos hipotecarios etc.) se la conoce como “diferencial de tipos de interés“.

Como los tipos de interés hoy están muy bajos en España, los bancos nos han dejado directamente de pagar nada por tener dinero en ellos a muy corto plazo en cuentas corrientes y depósitos (dentro de nada te cobrarán por el hecho de tener una cuenta corriente) y prestan también barato, con lo cual, su diferencia de tipos de interés, su margen operativo, es realmente bajo. Y lo están pasando mal.

Así que les queda más remedio que “adelgazar” su estructura (cerrar oficinas, despedir empleados, ser más ágiles) y cobrar comisiones bancarias hasta por respirar. Tenlo en cuenta cuando vayas a elegir tu próximo (o tal vez primer) banco, como cliente.

Tenemos aversión al riesgo

Este concepto de la remuneración de nuestro dinero es muy interesante porque en España, la mentalidad de millones de personas es muy conservadora y refleja la escasa educación financiera con la que contamos.

En nuestro país invertimos sin riesgo, en productos a muy corto plazo, a pesar de no necesitar ese dinero hasta el largo plazo. Y ese es el gran negocio de las entidades financieras.

Con el riesgo cero al que estamos dispuestos a invertir y encima a corto plazo (depósitos a interés fijo), ellas invierten y prestan a largo plazo, con algo más de riesgo, aunque controlado, y ganando lo que te correspondería ganar a ti si pensaras a más largo plazo, en productos con algo más de riesgo.

También, estas entidades invierten sus excedentes en productos de renta variable (acciones, fondos de inversión, etc.), donde obtienen una rentabilidad mayor que la que a ti te pagan.

Piénsalo, porque, en el fondo, y aunque seas pequeño (insignificante) para tu banco, tú deberías mandar sobre él, y poder mantener una relación de tú a tú con él, no al revés.

En efecto, este dinero invertido en cuentas corrientes no remuneradas o en depósitos a plazo fijo, se nos paga un interés simple, y además bajísimo.

En muchos casos el interés que se nos promete es menor que la inflación. Si a eso le sumas que tienes que pagar impuestos por los intereses ganados, las rentabilidades que obtendrás al final del período son ¡¡¡negativas!!! (Has perdido dinero si lo comparas con lo que podrías haber obtenido con una inversión a interés compuesto en un producto más rentable, con algo más de riesgo, claro).

Relación del interés compuesto con la inversión

Los dos principios de educación financiera más estrechamente ligados al interés compuesto
son el del “alto coste de la espera” y la “Regla del 72“, que ahora abordamos.

La Regla del 72

En materia de inversiones, la Regla del 72 es una regla aceptada por los profesionales del seguro y de la inversión que mide el número de años en que puedes doblar una inversión, a una rentabilidad dada o a unos años dados, la rentabilidad que necesitarías obtener para duplicar tu inversión.

La regla del 72 tiene su origen en la industria financiera y del seguro norteamericana (allí la llaman “Rule of 72“) y viene a decir que si divides 72 entre la rentabilidad promedio de cualquier producto financiero, obtendrás el número de años en que serás capaz de duplicar tu inversión.

Es una regla que relaciona tres variables, siendo una de ellas y de valor fijo, 72: el tiempo y la rentabilidad (el rendimiento de una inversión).

La fórmula matemática de la regla del 72 es esta:

tiempo = 72 / rentabilidad

o también, moviendo las variables al otro lado del igual,:

rentabilidad = 72 / tiempo 

Lo bueno de esta regla es que dando el valor 72 como fijo siempre, te permite hacer cuatro tipos de cálculos, conociendo una de las otras dos variables:

  • si conoces la tasa de rendimiento de tu inversión, puedes conocer el tiempo necesario para duplicar tu inversión;
  • si conoces el tiempo necesario para tener que duplicar tu inversión, puedes calcular el rendimiento que tendrás que obtener para conseguirlo.
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