La Generación X
Generación X

La Generación X

En la actualidad, conviven en la ventana temporal que nos ha tocado vivir, varias generaciones que, según su fecha de nacimiento, se pueden clasificar así: baby boomers, Generación X, Generación Y o “Millenial” y Generación Z, que son los muy jóvenes de hoy (adolescentes y jóvenes de 20 años). Cada una de estas generaciones ha nacido con un estado de las cosas, de la política o de la economía muy distinto, que se refleja en sus distintos valores y actitudes hacia la ética, la política, el consumo, o incluso el plazo al que cada una toma decisiones de ahorro o inversión. Esto es importante, porque según en cuál de estas generaciones te encuentres, así tenderás a comportarte en materia financiera, mientras que las necesidades de protección y ahorro para la jubilación de todos nosotros van a ser más acuciantes en los próximos años. No nos engañemos, se espera en los próximos 30 años una involución en los sistemas públicos de protección social, en todo lo relativo a la dependencia y jubilación: no habrá suficiente para todos los cotizantes que llamarán a la puerta de la Seguridad Social a demandar su pensión de jubilación.

La Generación X

La Generación X abarca a todos los nacidos entre los años 1965s y 1980s, es decir, los que hoy tienen entre 40 y 50 años de edad. Yo me encuentro en este grupo, casi de salida ya. Tuvimos una infancia más o menos cubierta, aunque sin excesos, pero mucho más estable que la de los baby-boomers, nuestros padres.
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En nuestra época juvenil no había móviles, ni Internet, ni televisión amena que ver, así que disfrutamos mucho más de la calle. Esa era la única opción. Bajarse a la plaza a jugar a la pelota, a las canicas o a la peonza, y relacionarnos con los demás niños, no importaba de qué edad fueran.

Comprometidos y estudiosos

Nuestros padres nos dieron los valores del compromiso y la formalidad. Nos inculcaron que teníamos que ir a la Universidad para poder trabajar, para poder consumir y comprar las cosas que ellos no disfrutaron. Estudiar para tener un buen trabajo el día de mañana. Estudiar porque era precisamente lo que nuestros padres no habían podido hacer. Y trabajar para tener una vida ordenada y cumplir las metas pre-establecidas de casarse, comprar piso y coche, traer niños al mundo, etc.

Austeridad

Todavía recuerdo en los años 1970, un escaparate con unas deportivas Adidas blancas con tres rayas rojas, las “tampico”. ¡Cuánto rogué, cuánto matraqueé para tener unas! Recuerdo el mensaje de mis padres al comprármelas aburridos de mi insistencia: “son muy caras hijo, no nos las podemos permitir“, peri tú ganas. Ellos fueron austeros por mí. Lo entiendo ahora. Y algo de esa austeridad nos ha quedado porque, muchos de nosotros con niños adolescentes, afrontamos su futuro y el nuestro a veinte años de la jubilación con inquietud. Y por eso ahorramos parte de la renta familiar, aunque no tengamos mucha idea de dónde invertir nuestros ahorros o de cual es el producto de ahorro más interesante en estos momentos por su trato fiscal y su rentabilidad elevada.

Consumismo

Nuestra generación vivió en los 1980s la eclosión de la banca comercial de particulares, de las tarjetas de crédito y del consumismo que trajeron la gran distribución francesa (Carrefour, Alcampo, etc.) y los “category killers” (Decathlon, Ikea, Media Markt, Leroy Merlín, etc.).
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Estas empresas decían en su comunicación que ayudaron a “democratizar el consumo”, y lo hicieron, en su beneficio personal y en el nuestro, ya que nos enseñaron a comprar más, y a financiar las compras mediante tarjetas de crédito muy peligrosas que te permitían aplazar el pago de tus compras en seis cómodos plazo (con unos intereses altísimos). Y todos nosotros teníamos inculcados como valores “aspiracionales” y sociales poseer un coche, una vivienda y un buen sueldo. Puro consumismo que la Generación Z, no desea ni regalado, ahora que pueden “compartir” todo gracias a la economía colaborativa y que a duras penas, la Generación Millenial, intermedia, puede alcanzar con la situación actual del paro juvenil.

Relaciones laborales

En nuestra época no ha importado tanto cambiar de empresa cada ciertos años, ya que eso empieza a puntuar en nuestro Currículo como signo de flexibilidad y adaptabilidad. Aún así, seguimos siendo fieles en el sentido de comprometernos por un proyecto si nos ofrece proyección, y todavía dependientes del trabajo por cuenta ajena (muchos otros se han establecido por su cuenta como autónomos) frente a las posibilidades de montárnoslo por nuestra cuenta. Esta Generación X en la que me incluyo no ha sido de coger las maletas e irse a vivir a otro país, aunque sí nos gusta viajar, pero no muy lejos, para tener todo controlado. Este conservadurismo laboral se refleja en nuestra cartera de inversiones que también es muy conservadora. Nos aterra el largo plazo, adoramos la seguridad del depósito a plazo fijo con rentabilidad garantizada (aunque sea por debajo de la inflación y perdamos poder adquisitivo).

Educación financiera

Al igual que las generaciones anteriores y posteriores, la Generación X sigue sin entender nada de educación financiera. Ha gastado todo lo que ha podido, viviendo el corto plazo e incluso, en los años pre-crisis, participando en la burbuja inmobiliaria.
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Muchas parejas con primera vivienda se hipotecaron para comprar una segunda vivienda que alquilar como negocio especulativo. El razonamiento era fácil: mientras el alquiler cubra la hipoteca mensual, estamos bien. Pero las cosas se torcieron en 2007. La gente menos pudiente perdió sus trabajos, y con ello no pudieron pagar sus hipotecas o sus alquileres. Los bancos dejaron de prestar dinero a nadie, el grifo se cerró. La vivienda se estancó y se ha depreciado un 30% estos años. Las inversiones especulativas llevaron a muchos a malvender su segunda vivienda “especulativa”. Esta generación que hoy tiene entre 40 y 50 años, no se ha tomado aún en serio lo de ahorrar para la jubilación con algún producto fiscalmente interesante como el PIAS, un fondo de inversión o un plan de pensiones. Y el gobierno de turno ha avisado, que se avecinan tormentas con las pensiones públicas.

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