Qué son los servicios financieros

Los servicios financieros son servicios (por contraprestación a los productos que compramos en un supermercado tipo Mercadona, Dia o Carrefour, o una tienda de moda como Zara o H&M) que nos prestan las entidades financieras (bancos, aseguradoras, etc.) en los que se maneja “dinero”.

Definición de servicios financieros

Los servicios financieros de un país o zona territorial son el conjunto de servicios prestados por el conjunto de entidades financieras que operan en él, como los bancos, las cooperativas de crédito, aseguradoras, mutualidades de previsión, agencias y sociedades de bolsa, etc. relacionados con la gestión de dinero de las personas o sus expectativas futuras.

Todos los servicios financieros bancarios están relacionados con la posibilidad de hacer variar nuestro dinero ya sea para “multiplicarlo” mediante su inversión en instrumentos de ahorro (depósitos de dinero), o de inversión (obligaciones, acciones de una empresa o fondos de inversión etc.), o la posibilidad de obtener dinero prestado (endeudarnos u obtener financiación ajena) que nos permita comprar bienes de inversión (un coche, una vivienda) o montar negocios.

Por su parte, los seguros nos ayudan a evitar la pérdida de dinero, a protegernos de imprevistos con consecuencias para nuestro bolsillo. Los hay obligatorios como el seguro de automóvil, y voluntarios como un seguro de vida o un plan de jubilación, pero todos los seguros nos ayudan a vivir tranquilos. Gracias a los seguros evitamos sobresaltos y futuros imprevistos que, de no estar el riesgo cubierto por un seguro, significarían para nosotros grandes desembolsos, tal vez impagables con nuestro ahorro.

Cuando mayor el número de intervinientes en un mercado ofreciendo servicios financieros variados con competencia en precios, más necesaria la intervención de los poderes públicos para regular y supervisar la calidad y transparencia de los servicios prestados, pero más maduro e inclusivo es aquél.

Ejemplos de servicios financieros

El servicio financiero más básico en que podemos pensar como usuarios de a pie es una cuenta corriente bancaria (BBVA, Santander, CaixaBank, ING Direct, etc.) donde podemos depositar con confianza nuestros ingresos (la nómina mensual por nuestro trabajo) y disponer de una tarjeta bancaria de crédito asociada. Utilizando la tarjeta en un restaurante (un McDonalds, un chino, un italiano) o una tienda de moda (Zara, Stradivarius, Mango, etc.), podemos disponer del saldo de nuestra cuenta y pagar en todo tipo de establecimientos sin necesitar llevar con nosotros dinero en efectivo.

Otro ejemplo de servicio financiero es un seguro de automóvil. Para poder conducir necesitamos tener cubierta nuestra responsabilidad civil como propietarios del coche y de quien quiera que lo conduzca (es obligatorio por ley). Pagamos una prima anual y estamos cubiertos ante cualquier siniestro futuro durante la duración del contrato (normalmente anual), causado por el conductor.

Los contratos de servicios financieros

En ambos casos (una cuenta corriente o un seguro), existe un contrato entre el usuario beneficiario del servicio y la entidad financiera que lo presta, que por razones de eficacia y rapidez en la contratación se dice que son de adhesión (contratos de adhesión), es decir, que el usuario se adhiere a su clausulado, que debe aceptar, si quiere disfrutar del servicio.

Como reza el dicho, los contratos de adhesión”son lentejas, si las quieres las tomas y si no las dejas”.

Ahora bien, el hecho de que los contratos de adhesión de estos servicios financieros no se puedan negociar, no quiere decir que el usuario tenga que pasar por todas sus cláusulas si estas no son proporcionadas y ajustadas a Derecho.

Cláusulas abusivas en servicios financieros

El derecho de protección del que gozamos los consumidores exige que las cláusulas de los contratos de servicios financieros sean equilibradas y entendibles por un usuario de a pie. Cuando estos requisitos no se cumplen hablamos de la existencia de cláusulas abusivas, que son según Consumoteca son

“Todas aquellas estipulaciones no negociadas individualmente y todas aquéllas prácticas no consentidas expresamente que, en contra de las exigencias de la buena fe causen, en perjuicio del consumidor y usuario, un desequilibrio importante de los derechos y obligaciones de las partes que se deriven del contrato”.

Según la ley, hay que entender estas cláusulas por no puestas, aunque se debe cumplir el resto de compromisos del contrato.

Malas prácticas en servicios financieros

Además de cláusulas abusivas, en los últimos años están viendo la luz una serie de sentencias de los tribunales de justicia condenando por malas prácticas, como las cláusulas suelo, los préstamos hipotecarios multidivisa, los derechos de suscripción preferentes o los huertos solares en España.

En estos casos se pone de manifiesto que el consumidor no tenía los conocimientos suficientes como para entender las consecuencias del producto complejo que estaba firmando, a la hora de contratar.

RELACIONADO  La inclusión financiera

Todo ello pone de manifiesto la necesidad en cualquier economía del papel de los reguladores, que son las autoridades financieras que velan porque el juego de las empresas sea justo y equilibrado.

Inclusión financiera

Los países del mundo que disponen de una oferta potente de servicios financieros se dice que tienen una mayor inclusión financiera que aquellos en los que la población no dispone de sucursales bancarias próximas, no dispone de ahorros para abrirse una cuenta bancaria o no se fía de ellas.

Estas son las principales barreras que citan los usuarios de estos países en vías de desarrollo para explicar su exclusión financiera (para no tener inclusión financiera). En estos países, indicadores de uso, acceso y calidad de los servicios financieros, como el Índice Multidimensional de la Inclusión Financiera (MIFI) son claves.

Servicios financieros online

Los países de Europa y Norteamérica junto con algunos de Asia y Oceanía tienen un mayor acceso a servicios financieros gracias a la madurez de su población en materia de educación financiera, a su mejor su acceso a Internet y a su adopción de teléfonos móviles inteligentes (smartphones).

En estos países la mayoría de los usuarios ya ni siquiera tiene por qué acercarse a su sucursal bancaria o a su aseguradora porque puede hacer todo tipo de trámites relacionados con su banco o su seguro a través de Internet (banca online, seguros online, o Apps).

Esta tendencia desmonta parte de los criterios definidos por el Banco Mundial (es el creador del índice MIFI inclusión financiera) basados en el acceso a los bancos y cajeros automáticos (número de oficinas por cada 100.000 habitantes o por km2), ya que con Internet la visita al banco deja de ser una ventaja. De hecho, donde la penetración de Internet en el uso de servicios bancarios es elevada, el número de sucursales bancarias se está reduciendo a pasos agigantados.

La mejor forma de combatir la complejidad de los mercados de servicios financieros en los que vivimos es la educación financiera. Finlit nos permitirá tomar decisiones de ahorro, inversión y gasto óptimas con las que vivir mejor en el futuro.

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