Diógenes de Sinope, el austero del farol encendido

Según Wikipedia, Diógenes de Sinope fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica (por eso se le conoce también como Diógenes el Cínico). Aunque no dejó ningún escrito, su homónimo Diógenes Laercio escribió sobre su vida, y por él sabemos que el de Sinope fue un austero convencido, que renunció a todo tipo de riquezas. Pero eso fue después de errar en su primera juventud.

Falsificación de moneda y huida a Atenas

Diógenes nació hacia el 412 antes de Cristo en la colonia griega de Sinope, de la que toma su nombre, y nada se sabe acerca de su infancia salvo que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos se dedicaron a acuñar moneda falsa (arqueólogos han encontrado monedas con el nombre del padre en la zona), parece que más por motivos políticos que económicos, y por ello fueron desterrados. Y Diógenes se glorió durante un tiempo de haber sido cómplice de su padre en el engaño y esto, como a Agustín de Hipona el hurto de las peras, marcó su vida filosófica posterior.

En Atenas, con su sentimiento culpable, Diógenes se dio cuenta de que la gente tenía una doble moral, ya que sólo atendían a las convenciones (a lo que socialmente estaba aceptado como bueno o malo) en vez de atender a razones más morales o éticas. Para él, los atenienses eran locura, fingimiento, vanidad, ascenso social, autoengaño y artificiosidad en su conducta humana. Por ello decidió vivir una vida austera y por ello también dijo que

la costumbre es la falsa moneda de la moralidad.

Vida austera

Escandalizado por el estilo de vida ateniense (los jóvenes griegos practicaban la gimnasia, la música y la astronomía, entre otras disciplinas, para alcanzar la areté o excelencia), Diógenes caminaba descalzo durante todas las estaciones del año, apoyado en un bastón y tenía una escudilla y un cuenco para comer y beber. Dormía en los pórticos de los templos envuelto únicamente en su manto y tenía por vivienda una tinaja.

Diógenes de Sinope por John William Waterhouse 1882
Diógenes de Sinope por John W. Waterhouse (1882)

Diógenes sentía tanto desprecio por la humanidad que lo rodeaba que en una ocasión dejaron en su tinaja un pequeño candil y él incluso lo rechazó (no necesitaba ese lujo). Pero al amanecer, como el dinosaurio de Monterroso, el candil estaba aún ahí y apareció en pleno día por las calles de Atenas, con el candil de aceite encendido, diciendo:

Busco un hombre, busco un hombre honrado que ni con el candil encendido puedo encontrarlo.

Diógenes y los perros cínicos

Parece que Diógenes fue asociado a los perros, por el modo de vida “perruna” que eligió, por su idea radical de libertad, su desvergüenza con todo el mundo (se dice que mantuvo un diálogo muy osado pero inteligente con Alejandro Magno) y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales en Atenas.

Por ello lo apodaron “el perro”, con el ánimo de insultarle. Pero a él no le disgustó el calificativo y se enorgulleció de él. Por ello se relaciona al cínico con lo canino, por su indiferencia en la manera de vivir, la impudicia a la hora de hablar o actuar en público, y por la facultad de saber distinguir perfectamente los amigos de los enemigos.

Diógenes decía irónicamente de sí mismo que, en todo caso, era

un perro de los que reciben elogios, pero con el que ninguno de los que lo alaban quiere salir a cazar.

Diógenes sostenía innecesarios los placeres terrenales al punto de abstenerse cabalmente de ellos rechazando a la sociedad establecida hasta ese momento pero sin intentar reformarla o cambiarla. Como otros de los cínicos, se preocupó menos de formar escuela que de llevar una vida recta, de acuerdo con los principios de autonomía y desprecio de los usos de la sociedad.

Para Diógenes la virtud consiste fundamentalmente en la supresión de las necesidades, que pueden evitarse llevando una vida natural y austera. Apreciaba las privaciones, hasta el punto del dolor, como medio de rectificación moral y despreció las convenciones de la vida social.

El síndrome de Diógenes

Contrariamente a lo que se piensa, Diógenes, como hemos visto, fue un austero convencido, con lo cual, y aunque es cierto que deambulaba por Atenas apoyado en su bastón y con su escudilla, haciendo vida austera en su tinaja, no se dedicó a acumular cosas como se asocia a las personas que sufren el síndrome que erróneamente lleva su nombre.

Sí se considera a Diógenes el inventor de la idea del cosmopolitismo, porque afirmaba que era ciudadano del mundo y no de una ciudad en particular.

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